Draconis Témpora: Los Reinos, Cuentos de los Valles (5/12)
Mientras las tropas drow comenzaban a llegar a la Fortaleza de la Araña Tortuosa y, en el Valle, las gentes del pueblo comenzaban a exigirle a Lord Mourngrym que tomara cartas en el asunto de los bandidos de un modo firme, el grupo formado por el sacerdote Jesper, el mago Zenit, la sacerdotisa Britha y el explorador semielfo Álakir continuaba su peligroso periplo por la suboscuridad.
Al tiempo, Cinthork continuaba
ascendiendo por los mismos túneles, pero en busca de la superficie; guiando a
aquellos dieciocho maltrechos enanos que ansiaban volver a ver la luz del sol.
Quizá solo era cuestión de tiempo que su camino acabara por cruzarle con
aquellos amigos que le habían dado por muerto semanas atrás.
El suelo explotó en torno al
grupo de Jesper y Zenit cuando los cuatro necrófagos emergieron del montón de
detritos que se habían acercado a inspeccionar. El mago, indispuesto aquel día,
no pudo más que echarse atrás mientras sus compañeros se batían con bastante
destreza contra aquellos no-muertos.
La batalla no había sido
demasiado extenuante, así que continuaron por aquellos túneles.
No habría pasado ni una hora
cuando escucharon ruido de combate y un mugido que les sonó inconfundible: era
Cinthork. Nuevamente, dejando al mago atrás por su indisposición, el grupo
avanzo hasta enfrentarse con aquel pelotón de diez drows que ya comenzaban a
cercar al minotauro.
Tras un emotivo reencuentro,
todos juntos comenzaron el ascenso a la superficie. Durante una de las noches
en las que acamparon en aquellos túneles, Britha les confesó que tanto Álakir
como ella pertenecían al grupo de los Arpistas, una organización no tan secreta
que se dedicaba a combatir el Mal y la tiranía en los Reinos.
Según avanzaban por aquellos
túneles en dirección ascendente, encontraron varias zonas que parecían estar
siendo reacondicionadas para albergar tropas, lo que alarmó especialmente a
Cinthork.
Tras un largo camino, finalmente
dieron de bruces con una puerta metálica
bastante reforzada que resultó ser el acceso a la suboscuridad que existía en
los niveles inferiores de la Torre Retorcida.
Aunque fueran recibidos con algún
recelo por parte de la guardia, el capitán Thorvald les recibió con gran
hospitalidad y pronto les llevó ante Gunthor, aquel enano que era la mano
derecha de Lord Mourngrym.
Gunthor les hizo entrega de la
recompensa de 600 monedas de oro que Lord Mourngrym había ofrecido por
información acerca de los drow. El grupo, en un ejercicio de generosidad,
decidió repartirla con los enanos.
Invitados por orden del Lord,
pasarían la noche en la Torre Retorcida, al tiempo que fueron emplazados a
asistir a una cena con Mourngrym y sus invitados la noche siguiente.
Antes de caer la noche, bajaron
al pueblo, donde descubrieron que los precios se habían disparado
ostensiblemente a causa de la escasez de suministros provocada por el
bandidaje.
Hablaron, con Weregum el
Comerciante, quien les hizo saber que sospechaba de la implicación de Jamble “El
Ojo”, otro mercader local, en el tema de los bandidos. Una breve entrevista de Cinthork y Jesper con
Jamble les hizo descartar del todo esa posibilidad.
También hablaron con Icehyill,
una antigua mercenaria que les dio las gracias por haber salvado a los enanos.
Además, les hizo saber que desconfiaba notablemente del mercenario Hilan Grove
al no considerarlo “trigo limpio”.
Así, volvieron a la Torre
Retorcida y se entregaron a un reparador descanso.
Por la mañana, desayunando en las
cocinas, escucharon que el Lord estaba bastante disgustado por algún hecho
recientemente acaecido. Cinthork, hablando con Gunthor, descubrió más tarde que
un pelotón de jinetes de grifos había sido emboscado por los bandidos en el
bosque. Al parecer, se había empleado hechicería poderosa en aquel lugar.
Vieron también a Britha y Álakir,
conviniendo que tomarían el camino con ellos al alba de dos día más tarde. Allí
estaba también Simón, el enano, quien le confesó a Cinthork haber visto en la
fortaleza mapas drow que señalaban lugares como la Torre Retorcida o El Viejo
Cráneo.
Además, Britha se comprometió a
conseguir una fuerza mercenaria en Lejanascolinas que pudiera llegar en auxilio
del Valle de la Sombra a la mayor brevedad en vista de la amenaza drow. Los
Arpistas se encargarían de ello.
Por último, hablaron también con
el propio Hilan Grove, quien accedió a colaborar en la desarticulación de la
banda de criminales. Una vez más, fueron testigos de la poca sintonía entre el
jefe mercenario y su segundo al mando.
Cinthork le pidió a Gunthor que
enviase un mensajero a Hilan Grove: al alba partirían hacia el lugar del ataque.
El día siguiente pasó sin pena ni
gloria, con Cinthork y Jesper descansando mientras Zenit estudiaba los libros existentes
en la biblioteca de la Torre Retorcida.
Durante la cena, Lady Shaerl
confesó a Cinthork que estaba muy preocupada por la campaña de desprestigio que
Hilan Grove había emprendido contra su marido. El minotauro le prometió que él
y sus amigos llevarían de nuevo la estabilidad al Valle.
Gunthor, por su parte, aconsejó a
Cinthork que fuese a ver a Raunthides, un mago que habitaba el Valle de las
Voces Perdidas y del que todos decían que era el hombre con más información de
los Reinos. Ese tipo sin duda sabría a qué debían atenerse con los drow.
Por otro lado, Munro Casimar, el
sacerdote de Lathander del Valle, instó a Jesper a que “deformara” la realidad
para hacer pensar a Lord Mourngrym que había sido el propio Casimar quien había
encomendado el rescate de los enanos al grupo.
A cambio de una jugosa recompensa
en forma de una alabarda mágica y varias pociones de curación, Jesper aceptó…
al fin y al cabo, era por un bien mayor.
A la mañana siguiente, partieron
hacia el Norte en compañía de Hilan Grove, Gilew y sus tres hombres, así como
de Britha, Álakir y los enanos que habían escapado de la suboscuridad.
Cuando llegaron al lugar donde la
patrulla de grifos había sido emboscada, se despidieron de los arpistas y los
enanos. Antes de marcharse, Álakir les dijo que las huellas de los asaltantes,
entre los que había un hombre enfundado en una armadura pesada, se dirigían al
Este.
Además, Cinthork descubrió
indicios de un muro de fuego, un conjuro de cuarta esfera que les hacía
sospechar de que un mago poderoso había tenido parte en aquella emboscada.
Rastrearon el bosque en compañía
de Hilan y sus hombres durante dos días hacia el este, sin demasiado éxito más
allá de encontrarse con un trío de trolls, uno de los cuales era un troll gris
que le hizo probar a Cinthork su ataque eléctrico. Dos de los tres hombres de
Hilan Grove cayeron contra esos monstruos.
Frustrados, decidieron regresar
por el cauce del río con la esperanza de tener mejor fortuna.
La tuvieron.
A orillas del Río Ashaba
encontraron a una decena de bandidos y al portador de la formidable armadura.
El combate se desató de inmediato.
Si bien los bandidos no fueron
más que una nimia molestia para el grupo, pronto se percataron de las terribles
cualidades de su ponente acorazado: tenía la facultad de devolver ataques
mágicos y no resultaba dañado por las armas mundanas. Cinthork adivinó que se trataba de algún tipo de constructo.
Ante un enemigo imbatible como
aquel, decidieron huir de vuelta al Valle de la Sombra.
Volverían mejor pertrechados
cuando llegase la ocasión.

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