Draconis Tempora: Korvosa (T2), siete días de aquí a la tumba (2/7)

Tras escoltar a Trinia fuera de la ciudad, tal y como les había solicitado Vencarlo, los compañeros habían regresado a Korvosa. Pasaron la noche en sus aposentos en “La Jarra de Jeggare” ya que, por la mañana, tenían pensado investigar aquel amago de incursión pirata en el puerto del que les hablara un mercader en el camino del norte, mientras regresaban a la ciudad.


Rostroajado y Linasaer tenían pensado visitar el puerto para hacer algunas preguntas, mientras que Kaylee y Valmin irían a entrevistarse con Cressida Kroft en la Ciudadela de Volshyenek para averiguar lo que la mariscal de la guardia sabía del asunto.

Se hallaban organizándose todos juntos en la habitación de Kaylee cuando unos nudillos aporrearon la puerta.

Se trataba ni más ni menos que de Grau, aquel sargento borracho al que Kaylee y algunos de sus difuntos compañeros habían encontrado días atrás desafiando a las turbas. La paladina recordaba que aquel hombre había echado a perder su vida por el juego y el alcohol, pero ellos le habían recogido y devuelto junto a sus compañeros de armas.

Grau le dio las gracias a Kaylee por aquel hecho de días atrás, jurando que había iniciado una nueva vida, una sin alcohol no juego.

El sargento les contó que su sobrina, Brisa, estaba muy enferma y que no respondía a las medicinas que le había suministrado el boticario. También les informó que, tras los últimos disturbios en la ciudad, los sacerdotes de Illmater habían abandonado la ciudad. Habían intentado que los sacerdotes de Lathander ayudasen a la niña, pero estos les solicitaban un pago que no podían asumir.

Grau no sabía a quién acudir, pero recordó la ayuda que Kaylee y sus amigos le habían prestado en el pasado. Moviendo algunos contactos que aún le quedaban con la gente indeseable de Korvosa, les había podido localizar en “La Jarra de Jeggare”.

Kaylee le prometió que echaría un vistazo a la niña, por si sus poderes curativos pudiesen ser de ayuda a la muchacha. Así, el grupo se vio forzado a cambiar parcialmente sus planes.

Kaylee y Valmin irían al barrio Fin de la Senda, donde vivía la pequeña Brisa, mientras que Linasaer y Rostroajado continuarían con el plan original de ir al puerto en busca de respuestas.

El barrio Fin de la Senda era un lugar tremendamente deprimido, habitado principalmente por shoantis y chelios. Kaylee se arrepintió de no haber traído consigo a Rostroajado.

La sensación de arrepentimiento aumentó ligeramente cuando un grupo de cinco mestizos shoanti les rodearon. Eran simples delincuentes que ansiaban sus bolsas, y quizá algo más, teniendo en cuenta las miradas llenas de lascivia que le dedicaron a la paladina.

Lamentablemente para aquellos indeseables, la combinación entre la alabarda de Kaylee y la magia de Valmin era demasiado para ellos. Los cinco habían fenecido mucho antes de que el buen Grau tuviese siquiera tiempo de desenvainar la espada.

Finalmente llegaron a la casa donde vivía la pequeña Brisa.

Les recibió Tayce, la madre de la niña. Era una mujer de treinta y tantos con aspecto de haber envejecido a marchas forzadas durante las últimas horas. Sin más, les llevó ante la niña.

La pequeña jugaba en el salón de la maltrecha infravivienda. Kaylee y Valmin se percataron enseguida de las manchas rojas que cubrían su cuerpo. De cuando en cuando, un espasmo involuntario sacudía el cuerpecito de Brisa.

Al parecer, la niña había enfermado hacía un par de días. Kaylee se sentó junto a ella, con cuidado de no tocarla, y comenzó a hablar con Brisa.

Lo único reseñable de la niña es que había jugado hasta tarde con sus amigos en la zona del puerto, la mañana siguiente al suceso del barco hundido por la guardia. La muchacha había encontrado una bolsa con  monedas de plata, una fortuna. Unas horas después, había empezado la fiebre.

Valmin preguntó a la niña donde había encontrado la bolsa, a lo que Brisa contestó que en los arrecifes. Cuando el gnomo especuló con que el botín pudiese pertenecer al barco pirata, Tayce, la madre de la niña, se mostró extrañada.

Según sabía ella, no había nada acerca de un barco pirata. Simplemente, un navío de aspecto siniestro se había rehusado a ser inspeccionado al adentrarse en el río. Como seguía sin revelar sus intenciones al acercarse al Puente Norte, la guardia disparó las balistas contra él y lo hundió.

Kaylee tomó nota de que debía aclarar todo aquello con Cressida Kroft, se trataba de un asunto realmente inquietante.

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Linasaer y Rostroajado anduvieron largo rato por el puerto en busca de información. A pesar de su esfuerzo, no pudieron conseguir realmente gran cosa.

Según algunos, los guardias del puerto hicieron señales al  navío y le gritaron durante bastante tiempo sin obtener respuesta alguna. Un par de estibadores incluso se atrevieron a afirmar que en aquel barco no iba nadie a bordo.

Viendo que no iban a obtener mucho más allí, Linasaer y Rostroajado decidieron regresar a “La Jarra de Jeggare”.

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Kaylee era muy consciente de que aquella enfermedad estaba por encima de sus capacidades curativas, de modo que decidió encaminarse al templo de Lathander en compañía de Valmin.

En el templo, Kaylee se entrevistó con Ishani, un sacerdote a quien conocía de años atrás. El hombre fue incapaz de negarle un favor a su amiga, accediendo a tratar a la niña sin pedir estipendio alguno a cambio.

Así, Ishani acompañó a Kaylee y Valmin de vuelta a Fin de la Senda.

Cuando Ishani vio a la pequeña Brisa, fue incapaz de esconder su preocupación. Después de sanar a la niña, pidió a Kaylee y Valmin que le acompañasen fuera de la vivienda. Necesitaba establecer una conversación discreta con ellos.

Ya en la calle, tras buscar un callejón libre de posibles curiosos, el sacerdote les confesó que había visto a otros enfermos con idénticos síntomas en el templo, por lo que temía que se tratase de una especie de brote masivo.

Ishani pidió a Kaylee y Valmin que le acompañasen de vuelta al templo, para dar testimonio ante los superiores del clero de lo que habían visto. Korvosa iba a necesitar a los sacerdotes de Lathander… quizá incluso a todos los sacerdotes de todas las confesiones.

Tanto Kaylee como Valmin accedieron, aunque sugirieron a Ishani que deseaban pasar primero por “La Jarra de Jeggare” a buscar a sus dos compañeros. El sacerdote no puso reparo alguno.

Tras despedirse de Brisa, Grau y Tayce, la paladina, el mago y el sacerdote se encaminaron hacia la posada; donde recogerían a Linasaer y Rostroajado un rato después.

El grupo ya al completo, escoltó al sacerdote Ishani hacia el templo de Lathander.

 

 

 

 

Comentarios

  1. Claramente hay que sitiar la ciudad y prenderle fuego junto a todos sus habitantes para evitar que la enfermedad se propague x toda la región.

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