Draconis Tempora: Los Reinos, Cuentos de los Valles (7/12)
El gigante se abalanzó sobre Cinthork, Jesper y Rancent, el Jinete de la Bruma. La enorme criatura sostenía en sus manos una antorcha enorme, del tamaño de una viga. Mientras, Zenit utilizaba su daga para cortar la gruesa soga que mantenía cerrada aquella jaula de madera en la que los aldeanos secuestrados por el gigante permanecían cautivos.
Cinthork y Rancent se arrojaron a un temible combate cuerpo a cuerpo con el gigante, mientras que Jesper permanecía en segunda línea invocando el sagrado poder de Lathander. Al mismo tiempo, Zenit terminaba de liberar a los reos de la jaula de madera.
-¡Necesito mis armas! –Le gritó una humana con aspecto de guerrera.
Zenit acompañó a la guerrera un trecho, hacia una zona de la caverna donde el gigante debía de haber arrojado las armas de la mujer. Sin embargo, el mago pronto se vio obligado a dejarla sola para unirse al combate contra el gigante.
El enorme humanoide llegó a poner al borde de la muerte tanto a Cinthork como a Rancent en más de una ocasión. Solo los poderes curativos de Jesper lograron mantener en pie a ambos luchadores.
Finalmente, a base de acero y magia, aquel cuarteto formado por Cinthork, Jesper, Rancent y Zenit logró derribar al gigante. La guerrera llamada Sathelyn, aunque logró finalmente encontrar sus armas, no pudo unirse al combate antes de que sus rescatadores hubiesen derrotado al monstruo.
Sathelyn resultó ser una guerrera de fortuna que se dirigía al Valle de la Sombra para combatir a los bandidos a cambio de un estipendio. De ese modo, acabó por unirse al grupo, al menos de forma provisional, ya que los compañeros la consideraron un posible activo de valor.
Entre los prisioneros rescatados se encontraba también un tal Lauca Bastrim, un importante terrateniente del Valle de la Bruma que aseguró a los aventureros que se encargaría de que el consejo brindase apoyo al Valle de la Sombra como gratitud por aquella hazaña.
Por su parte, también Rancent, el Jinete de la Bruma, aseguró que hablaría a favor de que se enviase un contingente militar en apoyo de Lord Mourngrym.
Registraron la guarida, encontrando un buen tesoro, así como varios objetos mágicos que no podían identificar.
A la mañana siguiente, Lauca y el resto de prisioneros liberados partieron hacia Riba de Ashaba, mientras que Cinthork, Jesper, Sathelyn y Zenit continuaron su camino hacia la torre de Raunthides.
Su llegada al Valle de las Voces Perdidas no fue demasiado agradable, ya que nada más poner un pie en aquel lugar, fueron atacados por un grupo de bandidos. El combate no fue demasiado duro, aunque se presentó como una gran oportunidad para que Sathelyn hiciese una demostración de su gran pericia con el arco. Como contrapunto, el grupo perdió a sus caballos bajo las flechas de los bandidos.
Cuando llegaron ante la torre de Raunthides, fueron recibidos por una enorme sierpe alada que les cortaba el camino. Sin embargo, los símbolos sagrados lucidos por Cinthork y Jesper, así como la alusión a Lord Mourngrym, acabaron por lograr que el mago les recibiese.
Raunthides les dio cierta información valiosa acerca del constructo: era un horror en armas, un recurso demasiado caro para un simple grupo de bandidos. Sin duda, había algún tipo de organización realmente solvente tras la existencia de ese ingenio mágico.
Respecto al clan Kenmtor, Raunthides se ofreció a buscar la mayor cantidad de información posible respecto a esa familia drow; siempre y cuando el grupo le hiciese un favor.
A un par de días de distancia de allí, existía un monasterio consagrado a la fe de Tyr. Raunthides anhelaba desde hacía tiempo un libro que reposaba en las estanterías de aquel lugar, así que pidió a los compañeros que convenciesen al sacerdote supremo del monasterio de que le cediese el volumen.
Tras aceptar las condiciones de Raunthides, el grupo permaneció alojado en la torre un día más, mientras Zenit estudiaba los grimorios de Raunthides con el beneplácito del mago. Del mismo modo, Raunthides identificó los objetos encontrados por los compañeros: un anillo de la exhalación y un silbato de estruendo.
Al día siguiente, los compañeros caminaron sin incidentes hasta el monasterio de Tyr, situado en el Valle de las Batallas.
En aquel monasterio se encontraba alojada la Orden del Mazo Ecuánime, una orden de caballeros militantes del dios Tyr bajo el mando de un sacerdote de rango medio.
El sacerdote les recibió hospitalariamente, accediendo a entregarles el tomo cuando Cinthork le narró el mal que se cernía sobre el Valle de la Sombra y lo importante que la adquisición de aquel texto era para lograr combatirlo.
Sin embargo, el sacerdote les pidió un favor a cambio: necesitaba que el grupo acompañase a cinco de los caballeros de la orden a los pantanos del Estanque de Yeven.
Al parecer, los hombres lagarto estaban abandonando sus marismas para secuestrar aldeanos. Uno de los hombres lagarto que la orden logró capturar llegó a confesar que los aldeanos eran ofrendas para la Diosa del Pantano.
Así, a la mañana siguiente, los compañeros pusieron rumbo a los pantanos junto a cinco de los caballeros de la Orden del Mazo Ecuánime.
Ya en los pantanos fueron atacados por un grupo de kobolds, los cuales llevaban junto a ellos un jabalí gigante, que se cobraría la vida de uno de los caballeros. Por lo demás, aquellos crueles humanoides y su bestia no tardaron mucho en sucumbir ante el potencial del grupo.
No fue el único problema que encontraría el grupo en las fétidas aguas del pantano, ya que poco después habrían de enfrentarse a una patrulla de hombres lagarto. Les mataron rápido, aunque luego uno de los soldados se lamentaría de no haber interrogado a ninguno de ellos para averiguar dónde se encontraban los demás humanoides escamosos.
Así, se vieron obligados a explorar el pantano durante dos días enteros hasta dar con algo realmente interesante: un antiguo templo en estado de abandono. Dos hombres lagarto hacían guardia en la puerta.
Cinthork reconoció aquel lugar como un templo de Moander, una deidad caótica malvada que representaba el dolor y la destrucción.
Aunque el grupo intentó un acercamiento sigiloso al templo, el chirrido de la armadura de uno de los caballeros alertó a los reptiloides; los cuales se replegaron al interior del templo tras arrojar algunas lanzas.
El grupo irrumpió en tropel dentro del templo, haciendo retroceder cada vez más a los hombres lagarto. De hecho, los dos reptiloides que cerraban la retirada fueron fulminados por la bola de fuego que arrojó Zenit sobre ellos.
La retirada del enemigo les llevo hasta una capilla donde se erigía un altar a Moander que despedía esencia maligna. Cinthork empleó sus poderosos músculos para hacer volcar el atril. Al parecer, los hombres lagarto se habían replegado a través de una puerta secreta existente en el fondo de la capilla.
La puerta secreta daba a un pasillo de aspecto terrible: paredes y techo estaban cubiertos por rostros monstruosos tallados en la piedra. Se trataba de horribles rostros con la boca congelada en un eterno rugido.
Los compañeros entraron al pasillo, quizá de forma imprudente, ya que activaron una trampa oculta. Las decenas de bocas del pasillo arrojaron una lluvia de ácido sobre todo el grupo a excepción de Jesper y Zenit, que afortunadamente aún no habían accedido al corredor.
Por suerte, la trampa era antigua y el ácido probablemente había perdido gran parte de sus propiedades, por lo que pudieron seguir adelante con apenas algunas quemaduras.
Continuaron por el pasillo hasta una habitación medio inundada, donde les aguardaban los hombres lagarto que habían huido.
Y una sorpresa…
Una enorme naga, con cuerpo serpentino y rostro de mujer, que debía ser aquella Diosa del Pantano de la que hablaban los hombres lagarto. Acero y magia hablaron de nuevo en aquel lugar, con especial mención a una ilusión de Istorlán producida por la magia de la Naga que causó bastante daño psíquico a Cinthork.
Fue un combate crudo, en el que dos de los caballeros cayeron tras sufrir los efectos de un golpe de rayo y ser luego asfixiados por una nube aniquiladora.
Finalmente, tanto la terrible naga como los hombres lagarto fueron aniquilados por el grupo. Los compañeros decidieron entonces hacer un alto para tomar algo de aliento y registrar el tesoro de la naga. A parte del tesoro evidente, encontraron un bastón de intermitencia y una capa de invisibilidad.
En el fondo de aquella cámara había un estrecho túnel que parecía internarse en las entrañas de la tierra. Tras debatirlo apenas un momento, decidieron internarse en él.
El túnel estaba inundado hasta la altura de las rodillas, era angosto y pestilente. Al cabo de un rato, encontraron cadáveres parcialmente devorados de hombres lagarto entre unas rocas que obstruían parte del túnel.
Esto puso en alerta a Cinthork, que activó su capa de invisibilidad antes de seguir avanzando.
Una de aquellas rocas enclavadas en el túnel resultó ser un monstruo mimético, el cual devoró a uno de los caballeros y estuvo a punto de hacer lo propio con Cinthork.
Tras el sobresalto inicial, los compañeros lograron rehacerse y dar muerte al monstruo.
Algo maltrechos tras un día de combate casi continuo, comenzaron a atravesar el pantano de vuelta al monasterio.
Por la noche, encontraron un buen lugar para acampar. Sin embargo, no logarían disfrutar de su merecido descanso, ya que un par de trolls se abalanzaron sobre ellos al amparo de la oscuridad.
No fue un combate demasiado duro, aunque tuvo su peligro teniendo en cuenta lo exhaustos que estaban todos. De hecho, estuvieron a punto de perder al último de los caballeros, quien anduvo agonizando sobre el fangoso suelo del pantano. Finalmente, derrotaron a los trolls sin más percances que el mencionado.
Cuando por fin alcanzaron el monasterio, el último caballero superviviente corrió hacia la construcción con lágrimas en los ojos y agradeciéndole a Tyr el haberle conservado la vida.
Los compañeros recogieron el tomo sagrado de manos del sacerdote y, tras pasar la noche en la seguridad de aquellos muros, tomaron un pasaje en barco desde el monasterio hasta el Valle de la Sombra.
Acordaron con el barquero que hiciese un alto en el periplo, en el Valle de las Voces Perdidas, a fin de entregarle a Raunthides el manuscrito y recibir la información acordada sobre el clan drow de los Kenmtor.
Raunthides, muy satisfecho con la nueva adquisición para su biblioteca, les contó que el Clan Kenmtor era una importante familia drow que había perdido una Guerra Civil por el control de Menzoberranzan contra el Clan Baelre. Por lo visto, deseaban recuperar los antiguos enclaves drow de su familia en el Valle de la Sombra para establecerse en ellos y hacerlos su nuevo hogar.
Además, les proporcionó valiosa información sobre las fuerzas de la familia Kenmtor, así como acerca de Istorlán, Nastra y Viciira, la matriarca del clan.
Tras darle las gracias a Raunthides, los compañeros decidieron pasar la noche en la torre del mago a fin de que Zenit pudiera aprender algún conjuro más que les fuese de utilidad.

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