Draconis Tempora: Los Reinos, Cuentos de los Valles (8/12)

Tras pasar unos días en la torre de Raunthides, el grupo formado por Cinthork, Jesper, Sathelyn y Zenit decidió ponerse de nuevo en camino hacia el Valle de la Sombra. Habían aprovechado bien el tiempo y las instalaciones que el legendario mago les había cedido a cambio de un precio razonable: mientras que Cinthork empuñaba un martillo de guerra mágico fabricado por Zenit, Sathelyn portaba un arco con propiedades sagradas construido por Jesper.


Regresaron a través del bosque hacia el barco que les esperaba en el río Ashaba. Acamparon por la noche más o menos a medio camino y, durante la guardia de Cinthork y Zenit, fueron sorprendidos por una guerrera humana de pelo rojo y un hombre lagarto.

Tras ver el símbolo sagrado en el escudo de Cinthork, la mujer pareció relajarse y ordenó al hombre lagarto que depusiera las armas. Aquella mujer, que lucía unos intrincados tatuajes azules en el brazo, se llamaba Alias y su compañero respondía al nombre de Cebodedragón.

Según les contó Alias, ella y su compañero se dirigían a Myt Drannor, ya que habían recibido informaciones de que un antiguo mal que había sido dado por muerto, un antiguo demonio, había logrado regresar poseyendo el cuerpo de un dragón verde.

Aquella noche, ambos grupos de aventureros compartieron el fuego. A la mañana siguiente, Alias y Cebodedragón les acompañarían a tomar el barco, con intención de apearse en Riba de Ashaba.

Llegaron al río a media mañana y descubrieron que el barquero parecía algo molesto por el retraso del grupo, así que exigió unas monedas como compensación. Le pagaron algo más de lo que había pedido, así que el hombre se dio más que por satisfecho.

Durante la travesía, Jesper y Zenit conocieron a Althaea, una elfa plateada que decía dirigirse a Riba de Ashaba, donde había quedado con unos conocidos. Según les confesó, tenía intención de crear un grupo con el que agitar las conciencias de los elfos jóvenes de los Valles contra los humanos, a los que consideraba invasores. Althaea abogaba incluso por llegar a ejercer la violencia si era necesario, de hecho lo consideraba un camino inevitable a largo plazo.

Zenit, indignado con aquellos pensamientos llenos de odio racial, no pudo sino abandonar la conversación de malas maneras. Por su parte, Jesper continuó conversando con aquella elfa con la que, aparentemente, tenía bastantes puntos de vista en común.

Por su parte, el barquero le comentó a Cinthork que la situación en el Valle de la Sombra parecía haber empeorado durante aquellas semanas que los compañeros habían estado ausentes, al punto que los precios incluso se habían cuadruplicado en la zona.

Tras un par de días de travesía, con una escala en Riba de Ashaba en la que se apearon tanto Alias y Cebodedragón como Althaea, los compañeros llegaron al Valle de la Sombra.

En vista de que Lord Mourngrym se encontraba ocupado y no podía recibirles de inmediato, decidieron pasar por el pueblo. Cinthork tenía especial interés en hablar con Hilan Grove, ya que Gunthor les había contado que el mercenario había tenido un desafortunado encuentro con los bandidos, quienes iban esta vez en compañía de un mago.

Por su parte, Zenit quería acercarse a ver a Elminster; así que mientras sus compañeros se dirigían a la Posada del Viejo Cráneo, el mago se separó del grupo.

En la posada, tras un emotivo reencuentro con Hilan Grove y un no tan emotivo encuentro con Gilew, los compañeros escucharon de labios del hombretón como había rastreado a los bandidos hasta dar con un grupo de ellos. Sin embargo, los salteadores iban acompañados de un mago que, finalmente, hizo huir al aguerrido grupo de Hilan.

Cinthork puso al día a Hilan y Gilew sobre la información que Raunthides les había dado acerca del constructo y la certeza de que tras él se podía esconder algún tipo de secta u organización con posibles.

Entonces, Gilew le entregó a Cinthork el colgante que, días atrás, había recogido del cuerpo exánime de uno de los bandidos. Se trataba de una piedra roja en forma de corazón sostenida por una garra negra. Ya que nadie conocía aquel símbolo, Jesper se comprometió a llevárselo a Munro Casimar, el regente del templo de Lathander en el Valle de la Sombra.

Mientras esto sucedía, de camino a la Torre de Elminster, Zenit se encontró con Asbras Hlumin. El mago se interesó por las andanzas del grupo y acordó con Zenit que un día tendrían un encuentro para compartir conjuros. También se ofreció a venderle objetos mágicos menores a cambio de un precio justo.

Como Asbras también le dijo a Zenit que Elminster no se encontraba en el Valle de la Sombra, Zenit decidió contactar con el archimago mentalmente para pedirle ayuda. Desgraciadamente, Elminster se encontraba ocupado combatiendo a algún tipo de bestia extraplanar.

De ese modo, Zenit  marchó hacia el Viejo Cráneo para reunirse con sus compañeros.

En la posada, ya todos reunidos, los compañeros también se reencontraron con Icehyill. A la mercenaria le iban bien los negocios debido a la masiva llegada de mercenarios y aventureros al Valle, aunque estaba preocupada por lo insegura que se había vuelto la zona.

Antes de que el grupo regresase a la Torre Retorcida, Jesper se encaminó hacia el Templo de Lathander, acompañado de Sathelyn.

Munro recibió con alborozo a los compañeros, casi tanto como a sus donativos. Sin embargo, se mostró tremendamente afectado al contemplar el colgante que le tendía Jesper.

Al parecer, aquel colgante pertenecía al Culto del Dragón, una antigua orden que se creía extinta fundada por enajenados seguidores de Tiamat, la Diosa Dragón. Considerando a los dragones como criaturas falibles debido a su natural mortalidad, los miembros del Culto anhelaban que fuesen los dracocadáveres, poderosos dragones no muertos, quienes rigieran los destinos del mundo.

Con esta nueva y preocupante información, los compañeros se encaminaron de vuelta a la Torre Retorcida mientras caía el sol, dispuestos a poner a Lord Mourngrym al tanto de toda la información que atesoraban en cuanto a los peligros que acechaban al Valle.

Aquella noche, se sentaron a cenar a la mesa de Lord Mourngrym y Lady Shaerl. El mandatario del Valle escuchó con suma preocupación la información relativa tanto a los drow como al Culto del Dragón.

Asimismo, les informó de la llegada de dos misivas al Valle: una de Britha, que informaba de que había enviado a la compañía mercenaria “Los Penachos Rojos” a auxiliar al Valle; la segunda de Rancent, quien también informaba de que los Jinetes del Valle de la Bruma marchaban hacia el lugar para colaborar con las tropas locales.

Los compañeros pusieron en conocimiento de Mourngrym que también la Orden del Mazo Ecuánime había prometido unirse a las fuerzas para la defensa del Valle. Aquello complació enormemente al señor de la Torre Retorcida.

Entonces, sin previo aviso, el pendiente que colgaba de la oreja de Lord Mourngrym comenzó a brillar y zumbar con potencia: Alguien había roto el sello colocado por Elminster en los túneles que comunicaban con el Viejo Cráneo… ¡Estaban atacando el Valle!

Gunthor no dudó en ceder varios caballos a los compañeros, a fin de que pudiesen cabalgar hasta el pueblo, lugar en el que ya podían verse las llamas alzándose al cielo nocturno. Sin embargo, el héroe enano no pudo seguirles, ya que Mourngrym le ordenó quedarse en la fortaleza para garantizar la seguridad del Lord y su familia.

Sin perder tiempo, los compañeros cabalgaron a todo galope hacia el pueblo del Valle de la Sombra, precedidos tanto por los soldados de Mourngrym como por los jinetes de grifos que surcaban el cielo.

Tras deshacerse sin muchos problemas de un pelotón de drows que salió a recibirles, los compañeros decidieron separarse para intentar ayudar en un número mayor de puntos durante la batalla.

Así, Cinthork y Zenit se encaminaron a la Sala de Festejos de Madre Tara; que extrañamente estaba siendo atacada a pesar de no ser un objetivo demasiado lógico. Por su parte, Jesper y Sathelyn se dirigieron hacia el templo de Lathander, esperando llegar a tiempo para auxiliar a Munro Casimar.

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Cuando el paladín minotauro y el mago elfo llegaron a la sala de festejos, encontraron el lugar asediado por un grupo de diez soldados drow, dos quaggots y un mago drow. También encontraron a la guerrera Icehyill, batiéndose con ferocidad contra dos de los soldados.

En el interior del edificio, las aterradas gentes del Valle gritaban de terror mientras los quaggots luchaban por derribar las puertas. Al parecer, las gentes del Valle se encontraban asistiendo a un espectáculo musical cuando los elfos oscuros atacaron el lugar.

A golpe de martillo y magia, los dos compañeros se unieron a Icehyill e hicieron retroceder a los drow. Pero cuando casi habían acabado con todos sus enemigos, una terrible criatura hizo su aparición.

Lo que parecía una araña gigante, dejaba de serlo cuando uno encontraba el torso de un drow surgiendo del lugar donde debía haberse encontrado la cabeza del insecto. Se trataba sin duda de un drider, una de aquellas aberraciones de las que les había hablado Raunthides.

Jesper les gritó a los aldeanos que corriesen hacia la Torre de Elminster, a sugerencia de Icehyill. Allí, las gentes del Valle estarían protegidas tanto por el elemental de agua que custodiaba el sitio como por las guardas mágicas que pudiese haber en la propia torre.

Aunque fue un combate duro, que dejó exhaustos a los compañeros y a Icehyill, finalmente consiguieron acabar con la criatura cuando Cinthork agarró con sus manos las patas del animal y dejó que el poder sagrado de Tyr recorriese su cuerpo para castigar al engendro que, tras tambalearse un par de veces, acabó por desplomarse sin vida.

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Por su parte, Jesper y Sathelyn llegaron a las inmediaciones del templo justo a tiempo de ver como los drow sacaban a rastras a un maltratado Munro Casimar de la enorme estructura cristalina con forma de fénix. Colocaron al sacerdote de rodillas y un soldado posó la hoja de su espada sobre el cuello del desafortunado sacerdote.

Allí, junto a cinco soldados drow y un quaggot, se encontraba Viciira Kenmtor; envuelta en una armadura hecha de miles de arañas vivas. La sacerdotisa pareció no dar siquiera importancia a los dos jinetes que cabalgaban hacia el templo. Sin más, ordenó a su soldado que ejecutara a Munro.

El soldado drow degolló al sacerdote de Lathander frente a la impotente mirada de Jesper y Sathelyn, que pudieron verlo desde la distancia.

Gracias a la información que les diera días atrás Raunthides, los dos compañeros sabían que aquel era un combate que no podrían ganar solos, así que decidieron regresar a por sus compañeros para volver con todo el grupo.

Sin embargo, cuando hicieron girar a sus caballos y comenzaban a alejarse, pudieron escuchar un espeluznante crujido.

Jesper volvió la vista solo para ver como la estructura cristalina del Templo de Lathander se agrietaba para, unos segundos después, desmoronarse por completo.

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El grupo volvió a unirse pocos minutos después y, tras darse las nuevas de lo acontecido, decidieron encaminarse todos juntos hacia el Templo de Tymora, que también estaba siendo atacado. Icehyill decidió acompañarles.

Allí, encontraron a los sacerdotes de la Lady arrodillados frente a un grupo de arqueros drow. En total, allí había una decena de soldados drow, tres quaggots… e Istorlán Kenmtor.

Cuando se precipitó la batalla, el general drow gritó a sus hombres que no atacasen a Cinthork, ya que quería a aquella bestia para él.

Resultó un combate crudo y extenuante, con las flechas de Sathelyn surcando el aire para abatir a los soldados, mientras que Jesper y Zenit dividían sus esfuerzos entre los quaggots e Istorlán; quien acabó trabado en combate con Cinthork e Icehyill.

Istorlán era un rival rápido, letal y resistente, así que puso a prueba las habilidades tanto de Cinthork como de la guerrera. Unos instantes después, con los quaggots ya caídos, Jesper y Zenit unieron sus poderes para hostigar al general drow.

Aquello fue demasiado para Istorlán, que intentó huir de allí.

Sin embargo, Cinthork no pensaba permitirlo, así que descargó su martillo sobre el drow mientras se encomendaba a Tyr. La espada mágica de Istorlán se quebró bajo el descomunal golpe y el martillo impactó brutalmente contra la cabeza de Istorlán.

En un alarde de resistencia, el elfo oscuro volvió a ponerse en pie; tambaleante. Cinthork le golpeo una y otra vez con su martillo hasta que Istorlán quedo tendido sobre el suelo, exánime.

Tyr había sido justo, como siempre, encomendándole a Cinthork la aniquilación de su odiado enemigo; compensando los agravios pasados y permitiéndole su venganza.

Tras este exigente combate, el grupo tomó aliento por unos segundos. Zenit estaba realmente exhausto y bastante herido, de modo que decidieron que corriese a cobijarse en la Torre de Elminster mientras que el resto del grupo se encaminaba hacia la Posada del Viejo Cráneo.

Así, mientras Zenit era conducido por Laeo, el ayudante de Elminster, al interior de la torre, el resto del grupo irrumpía en la posada para encontrar al mercenario Hilan Grove y sus hombres batiéndose en el salón del local contra una auténtica marea de enemigos que irrumpían desde los sótanos.

El grupo luchó con coraje contra la marea de enemigos hasta acabar, junto con sus aliados, con al menos una veintena de soldados drow, un par de magos y cinco quaggots.

Rodeados de enemigos caídos, mirándose entre sí para averiguar qué peligro deberían enfrentar a continuación, escucharon el sonido de los cuernos drow que llamaban a retirada.

La lógica algarabía por la victoria se vio interrumpida por la característica acidez de Gilew, el delgado compañero de Hilan Grove, quien les señaló que aquello no parecía más que una incursión para tantear las defensas del Valle y acabar con los templos… y habían caído dos de los tres lugares sagrados.

Pronto se produciría otra batalla, la batalla de verdad… y se trataría de algo mucho más serio. Por su parte, Hilan y Gilew ofrecieron a los compañeros la presencia de doscientos mercenarios venidos de Alcázar Zhentil, siempre que Lord Mourngrym estuviese dispuesto a costearlos.

Preocupados por las palabras de Gilew, los compañeros regresaron a la Torre Retorcida para entrevistarse con Lord Mourngrym.

A pesar de las reticencias del Lord para aceptar los mercenarios ofrecidos por Hilan Grove, ya que albergaba profundas sospechas de que el hombretón pudiese estar vinculado con los Zhentarim, finalmente acabó por ceder ante los argumentos de Jesper.

A la mañana siguiente, Hilan Grove marcharía junto a sus hombres para regresar en diez días junto a doscientas espadas libres provenientes de Alcázar Zhentil.

Por ahora, Cinthork, Jesper, Sathelyn y Zenit se limitarían a descansar y recuperarse durante unos días.

Se lo tenían bien merecido.

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